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CANTAUTOR Y CANTAUTORA  

TAYLOR TAPIA Y JOHANNY SOTO EN SU GIRA 2014 POR VERACRUZ






 

FILOSOFÍA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA ACERCA DE LA MÚSICA

 

Dios ha entretejido la música en la trama misma de su creación. Leemos que cuando hizo todas las cosas, "alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios" (Job 38:7). El libro del Apo­calipsis describe el cielo como un lugar de alabanza incesante, que resuena con cánticos de adoración a Dios y al Cor­dero por parte de todos (Apoc. 4:9-11; 5:9-13; 7:10-12; 12:10-12; 14:1-3; 15:2­4; 19:1-8).

 

Debido a que Dios hizo al ser huma­no a su imagen, compartimos el amor y el aprecio por la música con todos los seres creados. De hecho, la música puede tocarnos y conmovernos con un poder que va más allá de las palabras o cualquier otro tipo de comunicación.1 La mejor música, la más pura, eleva nuestro ser hasta la misma presencia de Dios, donde los ángeles y los seres no caídos lo adoran con cánticos.

 

Pero el pecado ha lanzado una pla­ga sobre la creación. La imagen divina ha sido desfigurada y casi borrada; en todos los aspectos, este mundo y los dones de Dios nos llegan con una mez­cla de bien y de mal. La música no es moral ni espiritualmente neutra. Puede elevarnos hasta la experiencia humana más sublime o puede ser usada por el príncipe del mal para rebajamos y de­gradamos, para despertar sensualidad, pasiones, desesperación, ira y odio.

 

La mensajera del Señor, Elena de White, continuamente nos anima a elevar nuestra perspectiva en cuanto a la música. Ella nos dice: "Cuando no se abusa de la música, ésta es una gran bendición; pero mal empleada, es una terrible maldición" (El hogar cristiano, p. 371)2 "Debidamente empleada es un precioso don de Dios, destinado a elevar los pensamientos hacia temas más no­bles, y a inspirar y levantar el alma" (La educación, p. 167).

Siete tesis sobre la música y la adoración
 
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